Nos estamos acostumbrando a que siempre que vemos el término “nube” o su equivalente en inglés “cloud”, rápidamente lo asociamos a computación en la nube o lo que es lo mismo, a un modelo que hace posible un acceso en red, bajo demanda, a un conjunto compartido de recursos informáticos configurables. Pero éste no es el caso. Así, la idea plasmada en este post surge de un reciente artículo publicado por la Comisión Europea, que persigue el crear un bloque o nube de servicios de la administración electrónica que combinados o reutilizados entre sí, generan una mayor eficiencia e incluso la posibilidad de personalizar determinadas actividades administrativas. Sería algo así como encontrar los servicios fundamentales que actúan como pilares sobre los que construir y ofrecer nuevas funcionalidades. Desde nuestro punto de vista, más que emplear el término cloud podríamos hablar de core de funcionalidades en la administración, que sirven de base para la generación de otras nuevas.
Basado en el esquema planteado, se conciben tres escenarios posibles para ilustrar las oportunidades derivadas de la definición de una nube de servicios públicos:
Servicios públicos de valor: Por ejemplo, los servicios suministrados por la plataforma eHealth en Bélgica podría también ser usada para proporcionar servicios adicionales como el servicio de Predicción de Gripe.
Escenario de competición: Otro escenario que se podría prever es aquél en el que terceras partes, tales como bancos, ofrecen también ciertos servicios públicos, como por ejemplo, el de registro de empresas.
Nuevos modelos de negocio.
De estos tres scenarios se derivan las tres grandes ventajas de la implementación de una serie de servicios fundamentales:
Eficiencia.
Efectividad. Un servicio existente puede ser ofrecido por nuevos proveedores de servicios.
Innovación. Se facilita la creación de nuevos servicios reusando los ya existents en la nube.

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